PAZUKA

Y todo es vanidad

San Petersburgo (y III) Noviembre 7, 2008

Archivado en: Mis tropelías por tierras más frías, personal — pazuka @ 11:05 pm
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Con parte del sueldo de suerte que me correspondió para el mes de octubre conseguí llegar al hotel.

Después del deseado desayuno y ponernos al día de nuestras andaduras, nos fuimos al conservatorio, mi amigo tenía ensayo porque por la tarde daba un concierto dentro de un festival que se había organizado en honor a unos cuantos compositores rusos o eso entendí yo.

El conservatorio se construyó a todo lujo, han pasado por allí los más grandes compositores y músicos, pero no supe captar la belleza dentro de la desorganización y falta de recursos, viendo como el teclista de la banda de jazz rusa tenía que colocar su teclado sobre dos sillas de oficina; al rato le trajeron las patas, pero al principio se me cayó el alma a los pies.

No sé si aquella banda representa el jazz ruso, pero estaban anclados en el pasado, en el pasado más casposo, me temo; y más sorprendida me quedé al ver cómo el público aplaudía como si aquello fuera lo más “cool” que habían escuchado en sus vidas.

Después de comer en un comedor donde el brillo de los cubiertos se ausentaba y el azúcar se pagaba como oro nos fumamos un cigarro en los baños, que estaban acondicionados como sala de fumadores ¡volví a mis quince años en el “insti”! Allí me hice un par de amigas ansiosas de saber qué estaba ocurriendo en otros conservatorios del mundo y que luego me ayudaron a colarme en el concierto.

Pero antes de que eso ocurriera me estuve tomando un café con mi amigo, hasta que llegó el momento de volver al hostal, colocar mi maleta y saber dónde dormiría esa noche.

Con el paso decidido que sabéis que me caracteriza en situaciones que no controlo, de nuevo saltando charcos y obras me vi delante de la puerta del hostal llamando al timbre sin respuesta, llamando al teléfono pero sin suerte. Salí confiada en la mañana sin llaves, pensando que habría recepción durante el día

Después de una cuantas intentonas decidí volver al café donde me estaba esperando, llamemos a mi amigo a partir de ahora, Ambrosio.

Le comenté la situación y él bajó la cabeza, pensativo, yo seguí con mi discurso diciéndole que había que pensar en positivo, pero…

  • Ambrosio, tú no estás pensando ni en positivo ni en negativo ¿verdad?

  • ¿ein?

Pobre, estaba tan preocupado porque había olvidado sacar la basura antes del viaje y estaba pensando tan positivamente que no le dio la menor importancia a que yo estuviera en la puta rué rusa.

En efecto, esa noche me acoplé en su habitación con su compañero de viaje, pero antes, en la cena, llamé a mi hostal ¡sólo atendían por la noche, hasta las once de la mañana!

Con el mal rollo y porque me quedaba sola, decidí volver al día siguiente a Helsinki. Ambrosio llamó a su guía para que me ayudase con los trámites del cambio de billete por la mañana.

Dormí como sardina en lata, pero el alojamiento y el desayuno me salió gratis, el chaval de recepción de mi hostal no quiso que pagara nada, aunque le dejé unos rublos por el servicio de consigna, la interné y la galletita que birlé de la cocina.

No sé si me sentiría bien volviendo a San Petersburgo y admirar su supuesta belleza, como he dicho antes me cuesta verla, tendría que hacer un gran esfuerzo para imaginármela debajo del caos.

No puedo pararme y contemplar catedrales, museos y palacios, mis ojos se giran hacia el coche destartalado en medio de la avenida.



 

One Response to “San Petersburgo (y III)”

  1. Lola Says:

    Lo interesante es poder vivir las experiencias; de todas se saca algo positivo.


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